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 Aspectos Generales Colombia

Población y Desarrollo

Colombia tiene una población estimada que supera los 42 millones de habitantes y ocupa el tercer lugar demográfico de América Latina, luego de México y Brasil. Desde 1985, el número de habitantes ha crecido en más de diez millones y quizá supere los 70 millones en el 2050.

En 1995 la población concentrada en zonas urbanas alcanzaba 69,3% y se estima que para el año 2050 esta proporción llegue a 84,5%, con una población urbana y rural total de 71'549.568 personas.

En 1993, la densidad territorial promedio se estimaba en 32,7 hab/km2, cifra bastante baja comparada con la de países de Europa o Asia e inclusive con algunas islas del Caribe donde la densidad supera los 1.000 hab/km2. Sin embargo, Bogotá, con más de 3.500 hab/km2, y la isla de San Andrés con 1.170 hab/km2, se destacan por la alta densidad y por los problemas ambientales a causa de la concentración de población. Vale la pena anotar que la dimensión de ambas no es comparable, dado que la capital concentra 17,4% de la población total del país y San Andrés solo 0,16% de la población. Las regiones con menor densidad poblacional son la Orinoquía y la Amazonía, particularmente en los departamentos de Amazonas, Guainía, Vaupés y Vichada con un índice inferior a 0,4 hab/km2. En la región del Pacífico, el departamento del Chocó cuenta con 7,05 hab/km2.

Veinticinco millones de colombianos, es decir 60% de la población, viven en situación de pobreza. La tasa de desempleo nacional se estima en 17,8% y 46% de los desempleados corresponde a los colombianos más pobres. Según el Informe sobre Desarrollo Humano 2000 del PNUD, Colombia se ubica en el 682 lugar.

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Aspectos Generales de la Economía Colombiana

Durante casi 70 años (1932-1998), Colombia tuvo un crecimiento positivo constante. Entre 1980 y 1999 fue de 3,1%. En la década de los años ochenta, mientras la mayoría de las economías latinoamericanas sufrieron dificultades económicas debido a la crisis de la deuda, el Producto Interno Bruto -PIB- de Colombia creció a una tasa de 3,7%, más del triple del promedio regional de 1,2%. El crecimiento real de la economía se desaceleró hacia finales de los años noventa hasta un promedio de 2,6%, cercano al de Latinoamérica y el Caribe.

La liberalización de la economía en los años de 1990 propició un crecimiento, entre 1993 y 1995, por encima de 5%, superior al latinoamericano. Sin embargo, fue interrumpido en 1996 debido al desbalance macroeconómico en las cuentas fiscal y corriente y a la crisis internacional que comenzó en Asia y se transmitió a otros mercados emergentes como Rusia y América Latina. Como resultado, el crecimiento económico se redujo entre 1996 y 1998 y declinó en 1999 hasta un nivel de -4,3%. Esta situación se considera atípica, dado el fuerte record económico de la economía colombiana. Sin embargo, mediante un proceso de ajuste en el gasto público, una inyección de capital para invertir en entidades públicas y privadas, la reactivación del crédito y la reducción de las tasas de interés, se logró una recuperación de 3,0% en el año 2000. Todo parece indicar que las proyecciones de crecimiento para los próximos años, aunque positivas, no se asemejarán a las tendencias del pasado. El crecimiento del PIB para el 2001 será de 1.7% y los pronósticos para el 2002 oscilan entre 2,2 y 2,5%.

Los datos disponibles sobre el PIB revelan que la estructura de la económica colombiana no ha cambiado sustancialmente durante los últimos años (período 1994-2000). Los sectores de comercio y servicios, conjuntamente, son los que más contribuyen, con aproximadamente 59% del PIB real. Le siguen las actividades agropecuaria y de minería, con cerca de 19% y la industria manufacturera con cerca de 15% de participación en el PIB. La cifra correspondiente a la construcción en 1999 revela el impacto negativo de la recesión en este sector, uno de los más perjudicados en ese período.

En 1990, el consumo final de energía fue de 849,6 Petajoules (PJ), de los cuales 11,4% corresponde a electricidad, 42,6% a petróleo y derivados, 7,6% a carbón mineral, 5,2% a gas natural y 26% a biomasa. Otros productos de la cadena energética que incluyen los no-energéticos (como los lubricantes), participaron con 7,3%. En ese año, el mayor consumidor fue el sector transporte con 269,7 PJ (31,7%), seguido del residencial con 230,1 PJ (27,1%), y el industrial con 212,9 PJ (25,1%). Los demás sectores contribuyeron con 136,8 PJ, (16,1%), que incluyen el agropecuario con una par­ticipación de 7% del total, el comercial con 3%, la construcción con 4% y otros con 2,1%.

En 1994 el consumo final de energía creció 4,5% como promedio anual y alcanzó la cifra de 1.013,7 PJ. De estos, 42,5% corresponde a petróleo y derivados, 11,9% a electricidad, 8,6% a carbón mineral, 5,3% a gas natural, 25,8% a biomasa y 6,1% a otros productos de la cadena, incluidos los no energéticos. En 1994 la estructura del consumo por sectores cambia con respecto a la de 1990. Como mayor consumidor continua el sectortransporte con 27,9% del total, le sigue el sector industrial, con una participación de 27,1% y el sector residencial con 23,1% del total. Los demas sectores consumieron 223 PJ lo que representa 22% del total, e incluyen el agropecuario con una participación de 7%, el comercial con 4%, la construcción con 1% y otros con 10%.

El consumo de energía final per cápita ascendió a 3,93 Barriles Equivalentes de Petróleo (BEP) por habitante en el año 2000, cifra que está por debajo del promedio latinoamericano, que es de 5 BEP/hab.

El consumo final de energía en el país sigue la tendencia del PIB y su crecimiento se mantuvo contínuo hasta 1996. En ese año el consumo fue de 6,6 millones de calorías por habitante, mientras que en 1998 pasó a menos de 6 millones. La intensidad energética en 1996 era de 2,36 BEP para producir mil Mares de 1990 del PIB. En 1999 este valor se incrementó. a 2,50 BEP, superando la intensidad energética de Argentina, Chile, Brasil, Panamá, México, Uruguay y Perú.

En 1990, el Sistema Interconectado Nacional -SIN- contaba con 8.350,9 MW de capacidad de generación de electricidad. De estos, 78% eran hidráulicos, 8% de carbón y 14% de gas natural. En total, se generaron en el sistema interconectado 33.863 GWh. De ellos, 80% provenían de generación hidráulica y los restantes de generación térmica. En 1994, la capacidad instalada en el SIN era de 10.119 MW. De estos 77,7% era hidráulico, 12,4% de gas natural y 8,7% de carbón. En ese mismo año, 1,2% de la capacidad de generación correspondía a derivados del petróleo (fuel oil y ACPM). Así mismo, se generaron 39.490,2 GWh de los cuales 80,6% corresponde a hidráulicos y los restantes a térmicos.

El transporte por carretera movilizó en 1999 a 87% de los pasajeros, el aéreo 7,5%, el fluvial 5,4% y el férreo apenas 0,1%. El movimiento de pasajeros internacionales por vía aérea tuvo un incremento entre 1990 y 1994 de 85,7%.

En 1999, el parque automotor colombiano era de 2'616.752 vehículos. De estos, 84,2% eran vehículos particulares, 9,8% transporte público y 6% vehículos de carga. La apertura económica generó un ingreso alto de vehículos en los años de 1990. En 1995 entraron en circulación 200.871 vehículos.

Desde la década de los años cincuenta hasta principios de los noventa, un segmento considerable de la agricultura se desarrolló al amparo de las políticas de sustitución de importaciones de materias primas. Esto propició cultivos cuya sostenibilidad económica se basaba en el mantenimiento de barreras de protección frente a la competencia extranjera, de transferencias de ingresos a los productores por medio de los precios de los productos y de tasas subsidiadas de interés, así como de subsidios directos pagados con recursos del presupuesto nacional. La mayoría de los cultivos transitorios transables, que conformaron buena parte del sector agrícola moderno tuvo ese origen. Es el caso de los cultivos de sorgo, algodón, soya, maíz amarillo, cebada e, incluso, arroz. Estas mismas condiciones se aplicaron, hasta cierto punto, al desarrollo de las industrias pecuarias intensivas (avicultura y porcicultura tecnificada).

La década de los noventas fue dífícil para la agricultura colombiana. A raíz de la implantación de medidas tendientes a liberalizar y abrir la economía, el sector agropecuario ha experimentado un proceso, relativamente intenso, de ajuste estructural que se manifiesta en cambios de los patrones de producción y use de recursos. Así, los cultivos transitorios transables, entraron en crisis debido a la competencia internacional. El arroz y el azúcar han mantenido su esquema de protección, mientras que otros productos como algodón, soya, maíz, sorgo y cebada se han enfrentado a una virtual eliminación de la protección. Otros sectores, como la ganadería extensiva, la producción pecuaria intensiva, los cultivos permanentes y los no transables, han aumentado la producción. La ganadería bovina extensiva ocupó la mayor parte de las tierras que dejaron de ser cultivadas con granos y oleaginosas. Por otra parte, el cultivo de café sufrió una reduccón apreciable en el área cultivada al tiempo que la producción transformaba su estructura hacia esquemas de fincas pequeñas.

Las nuevas oportunidades de mercado impulsadas por la reducción de costos, la ampliación del consumo y la modernización de las estructuras de comercialización han favorecido principalmente el crecimiento de las frutas, hortalizas y tubérculos en la producción agrícola. Los cultivos de palma de aceite y caña de azúcar se han beneficiado de los altos precios y/o mejoras tecnológicas. En actividades pecuarias como la piscicultura y la avicultura se generaron nuevas oportunidades de mercado por disminuciones logradas en los costos de producción y por el mejoramiento de la infraestructura de comercialización.

Además, se registran desarrollos hacia una mayor integración de los mercados internacionales y regionales, con lo cual se comienza a superar el catéter de no transables de ciertos productos.

Un mercado por afianzar es el forestal. Cerca de tres millones de hectáreas están disponibles para producción. Colombia tiene el potencial para producir madera, en rotaciones de ocho a veinte años con rendimientos que superan los veinticinco metros cúbicos por hectárea/año. Una adecuada estrategia de expansión forestal permitirá incursionar en el mercado de captura de CO2. Adicionalmente, se tiene capacidad de expansión para productos como cacao, aceites exóticos, fiebres, alimentos procesados y para el cultivo de camarón y explotación de especies promisorias.

El crecimiento dinámico de las exportaciones en los años 90, comparado con la década anterior, muestra los efectos de la desregulación y apertura, así como los esfuerzos del país por penetrar nuevos mercados y fortalecer su posición en los existentes. Durante los últimos 20 años (1980-2000), las exportaciones tradicionales (café, petróleo y sus derivados, carbón y otros) han cedido lugar a bienes no tradicionales (textiles, manufacturas, otros). El fuerte comportamiento de los bienes industriales es la principal causa de esta diversificación. En los años 80 las exportaciones tradicionales representaron 56% del total, de las cuales el café contribuía con la mayor proporción. En los años 90, esta proporción se redujo a 50%, con las exportaciones de café que cedieron espacio a las de petróleo. En contraste, las exportaciones no tradicionales se incrementaron de 44% en los años 80, a 50% en los años 90.

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