Sensibilidad Climática
La expresión “sensibilidad climática” se refiere al aumento constante de la temperatura media mundial anual del aire en la superficie asociado con un determinado forzamiento radiativo medio mundial. En su cálculo es habitual incluir sólo los procesos de retroalimentación rápida, incluidos los cambios de vapor de agua y excluir los posibles cambios inducidos en las concentraciones de otros gases de invernadero (y también otros procesos de retroalimentación lenta).
Como se señala más arriba, la temperatura de la Tierra realiza un ajuste por sí misma, de forma que la radiación solar absorbida y la radiación infrarroja emitida están en equilibrio. Cuando hay un exceso de energía solar, la temperatura tiende a aumentar, lo que incrementa la emisión de radiación infrarroja al espacio. Cuanto más fuerte sea el aumento de la emisión infrarroja al espacio con la temperatura (es decir, cuanto más fuerte sea el amortiguamiento radiativo), tanto menor serán el aumento de temperatura necesario para restablecer el balance de energía neto cero y la sensibilidad climática. Los cambios de albedo (reflectividad) del sistema atmósfera-superficie también contribuyen (positiva o negativamente) al amortiguamiento radiativo. Las retroalimentaciones rápidas afectan la sensibilidad climática, puesto que inciden en la facilidad con que se devuelve el exceso de calor al espacio; dicho de otra forma, alteran el amortiguamiento radiativo.
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